María Josefa Segovia Morón 10 de octubre de 1891

En el año 2005, el papa Benedicto XVI autorizó la promulgación del Decreto que reconoce

las virtudes heroicas de la Sierva de Dios, María Josefa Segovia Morón, primera

directora de la Institución Teresiana, quien supo recoger y continuar la herencia

espiritual y pedagógica del carisma inspirado a San Pedro Poveda. El fundador

de la Institución Teresiana después de aquel 28 de julio de 1936, en el que su vida

fue ofrecida en martirio.

María Josefa Segovia Morón, nació el 10 de octubre de 1891, en Jaén (España) y

murió el 29 de marzo de 1957 en Madrid (España). Tenía 22 años, en 1913, cuando

Pedro Poveda la invitó a hacerse cargo de la dirección de la Academia de Santa

Teresa que se abría ese año en Jaén, movido por las excelentes recomendaciones que

le habían dado sobre ella y por sus brillantes antecedentes académicos.

 

Era el primer tercio del siglo XX, cuando las mujeres asomaban discretamente a ocupar roles de significación en la sociedad.

Josefa Segovia había estudiado en la Escuela Superior del Magisterio de Madrid, que preparaba a jóvenes para diversos puestos en la educación y para el recién creado cuerpo de inspectores de Enseñanza, del que formó parte de las primeras promociones.

En aquellos años empezaba a aquilatarse la vocación teresiana, una manera de vivir radicalmente el seguimiento de Jesús y su evangelio, en la vida laical, con la finalidad de contribuir a la transformación social y la dignidad de las personas, desde la educación.

Josefa Segovia formó parte del primer grupo de jóvenes mujeres que hicieron vida la nueva vocación que nacía en la Iglesia, la Institución Teresiana. Destacó por su temple alegre, sereno y  pedagógico que impregnaba su hacer, pero sobre todo por su profunda vivencia espiritual, al estilo de Teresa de Ávila, ambas “amigas fuertes de Dios”. En 1919 fue nombrada directora de la Institución Teresiana, cuya aprobación diocesana y civil se había producido en Jaén en 1917.

Ante su 31 cumpleaños Pedro Poveda le escribió una carta, en la que dejó plasmada su semblanza espiritual: “La gracia te hizo una criatura nueva, porque aún en lo natural te perfeccionó y elevó en tal grado que no pareces la misma… Declaro, pues y confieso (…) que en ti está encarnado el espíritu de la Institución Teresiana. Te dé el Señor perseverancia y que así como no pasó día, desde que te conozco, que no progresaras en virtud, sigas creciendo en ellas hasta que el Señor te lleve al cielo”. (1922)

Le tocó llevar el timón de la Institución Teresiana en los duros años de posguerras, tanto en su país como en Europa. Lo hizo con extraordinaria fortaleza, delicadeza y entrega, según testimonio de cantidad de personas de diferentes sectores sociales y eclesiales que la conocieron. Durante su vida la Institución Teresiana se extendió por cuatro continentes, se abrieron centros educativos y proyectos sociales en muchos países; el número de miembros creció significativamente.

El 25 de marzo de 1957, antes de ingresar al hospital con motivo de una intervención de estómago por una dolencia que la acompañó desde finales de los años 30, escribió en el calendario de su mesa: ¡Fiat!. Simple y definitiva expresión de una vida de fe, confianza y entrega. Cuatro días después ese Fiat se había cumplido.