Martirio San Pedro Poveda

Estimada Comunidad Educativa:

Presentamos a ustedes un video relacionado con la conmemoración

del Martirio de San Pedro Poveda.

Soy sacerdote de Cristo”. Son las palabras con las cuales Pedro Poveda se autodefine

a sí mismo en el momento en que lo buscan para el martirio. Se puede decir que

tocamos el alma profunda de Poveda, su identidad verdadera, la fuente riquísima de su

vida y de su obra.

La Institución Teresiana es el mejor fruto de su sacerdocio. Poveda fue un gran educador, un verdadero apóstol de la juventud, un estupendo animador del apostolado laical, un promotor de la participación de la mujer en la vida de la Iglesia y en la sociedad civil. Un admirable evangelizador de la cultura. Pero, antes que nada, fue sacerdote. El sacerdote que, apenas ordenado, hizo una verdadera opción evangélica por los pobres y empezó a trabajar con los cueveros de Guadix.

El 27 de julio de 1936 al acabar de celebrar, con la devoción de siempre, pero con particular sabor de sangre derramada, su última Misa. Estaba todavía haciendo su acción de gracias  que terminará en el cielo, en el cara a cara de la visión beatífica  cuando vienen a buscarle los milicianos. Ese que buscan soy yo, les dice. Soy sacerdote de Cristo. Lo fusilan en la mañana del 28  de julio.

Era la culminación cruenta de su vida y de ministerio sacrificial. Era el sello de Dios, en el martirio, de una vida sacerdotal constantemente en la contemplación, en la cruz, en la generosa ofrenda de sí mismo para la gloria de Dios y la redención de los hombres. En Poveda la Iglesia nos propone no sólo la figura del mártir, sino el modelo del sacerdote santo. El homo Dei servus Ecclesiae. Poveda sueña, desde pequeño, con su sacerdocio; pero su sacerdocio no tiene nada de sueños infantiles: nace del espíritu y está profundamente marcado por la cruz. Da sangre y recibirás Espíritu, era una de sus preciosas enseñanzas. ¿No es verdad que el sacerdocio nazca de la cruz pascual de Jesús, misteriosamente adelantada en la sagrada noche de la Última Cena? “Este es el Cuerpo que es entregado… Esta es la Sangre que es derramada” (Lc 22, 19-20). Poveda lo vivió dramáticamente y serenamente en el momento de su martirio; pero lo vivió cotidianamente en el gozo de su entrega sacerdotal, hecha del silencio contemplativo, de oración y de servicio. Fue, antes que nada y sobre todas las cosas, sacerdote.